La Feria de San Martín: ganado, castañas y tradición otoñal en el corazón del pueblo
Cuando el otoño avanza y el olor a castañas asadas y sidra dulce empieza a adueñarse de los valles de Cudillero, San Martín de Luiña se prepara para conmemorar la festividad de su santo patrón. Cada mes de noviembre, en torno a la fecha solemne del 11 de noviembre —San Martín de Tours— o durante el sábado más próximo a esta efeméride, el entorno de la iglesia parroquial revive una de las citas de mayor arraigo rural de toda la comarca: la tradicional feria anual de ganado.
Reses, tratos y la leyenda de la media capa
La devoción y el nombre de la parroquia rinden tributo a San Martín de Tours, el ilustre soldado romano y posterior obispo recordado por el célebre pasaje acaecido a las puertas de Amiens durante el crudo invierno del año 337. Al toparse con un mendigo tiritando de frío, rasgó su capa militar en dos mitades para abrigar al desvalido, un gesto de caridad que inspiró la iconografía que aún hoy preside con orgullo el retablo mayor de nuestro templo barroco[cite: 2].
Ese espíritu de encuentro preside el recinto ferial[cite: 2]. Gracias al empeño continuo de los ganaderos y colaboradores locales, la cita conserva intacta su esencia comercial y festiva[cite: 2]. Pasear entre los cierres para contemplar las reses asturianas, examinar los terneros, cerrar tratos con un apretón de manos o comprar la clásica navaja artesanal forman parte de una liturgia popular que resiste al paso de las décadas[cite: 2].
Callos al calor de la fiesta y los desafíos de brisca
La parte gastronómica marca el compás de la jornada en los bares y chigres de la parroquia[cite: 2]. Tras el trajín con el ganado, la costumbre manda cobijarse al calor de un buen plato de callos caseros y unos vasos de vino tinto compartidos en animada tertulia vecinal[cite: 2]. Las celebraciones continúan durante la tarde con la disputa del tradicional campeonato de brisca, donde las parejas locales miden su destreza sobre el tapete antes de dar paso a la verbena nocturna[cite: 2]. Mantener viva esta feria otoñal es preservar el hilo directo que nos une a las raíces agrarias y ganaderas que han dado identidad a San Martín de Luiña[cite: 2].