Concha la de Silvina: la alegría eterna y el alma de los bailes de prao en San Martín de Luiña
Hay presencias que marcan a fuego el carácter de un pueblo, de esas que con solo cruzar la plaza contagian entusiasmo y ganas de vivir. En San Martín de Luiña y en todo el concejo de Cudillero, hablar de fiesta, de música y de pista de baile era hablar indefectiblemente de Concha la de Silvina. Vecina muy querida del barrio de La Traviesa, Concha encarnó como nadie el espíritu puro de nuestras tradicionales romerías de prao, convirtiéndose en una figura legendaria cuya simpatía y vitalidad desbordante forman parte ya de la memoria sentimental colectiva.
Primera fila ante el escenario: la pasión incombustible por la música
En cuanto despuntaban los primeros calores del verano y se inauguraba la temporada de verbenas, Concha no se perdía ni una sola celebración[cite: 2]. Daba igual la distancia o el esfuerzo; muchas veces acudía caminando a pie hasta las romerías de las localidades cercanas[cite: 2]. No faltaba a San Roque, a San Pedro, a la fiesta de La Covadonga en Salamir, a San Timoteo o a Santa Ana, una de sus grandes debilidades[cite: 2]. Pero, por encima de todas, su corazón latía con especial fervor cuando llegaba el tercer fin de semana de septiembre: las Fiestas de Nuestra Señora de Los Dolores en su pueblo[cite: 2].
Ataviada con sus mejores galas y luciendo una ilusión propia de una quinceañera, su lugar natural estaba siempre allí: en primera fila, a escasos metros de los metales y teclados de las orquestas, marcando los pasos con una soltura y un ritmo envidiables[cite: 2]. Si el escenario empezaba a sonar y Concha no estaba bailando frente a las tablas, el público y los músicos notaban de inmediato un vacío imposible de llenar[cite: 2].
«El pueblo de Concha la que baila»
Su popularidad rebasó con creces los límites del valle[cite: 2]. Ilustra a la perfección su fama una anécdota recordada por varios jóvenes de la localidad que, al comenzar sus estudios en el instituto de Pravia y presentarse diciendo que procedían de San Martín de Luiña, recibieron al instante la exclamación de sus compañeros: «¡Uy, el pueblo de Concha la que baila!»[cite: 2].
Tras su marcha en el invierno de 2018, la plaza de la iglesia y los praos de la comarca sintieron la orfandad de su sonrisa permanente[cite: 2]. Sin embargo, cada vez que una orquesta arranca a tocar bajo los voladores de Los Dolores, los vecinos saben que, desde algún rincón del cielo, Concha sigue bailando y cuidando con su alegría eterna de este rincón de Asturias que tanto la quiso[cite: 2].