¿Teatro en la Estación? Los años dorados de la compañía femenina de San Martín de Luiña (1963-1964)

A comienzos de los años sesenta, la sala de espera de la estación de tren de FEVE en San Martín de Luiña se transformó en un improvisado foco cultural. Entre 1963 y 1964, aquel espacio ferroviario mutó en camerino, escenario y auditorio para acoger los ensayos y estrenos de una compañía de teatro aficionado compuesta íntegramente por mujeres y niñas del valle. Lejos de tratarse de una simple distracción vespertina, la iniciativa se convirtió en un motor vecinal de primer orden con un objetivo solidario prioritario: recaudar fondos para sufragar las obras de reparación del templo parroquial y la elevación del nuevo piso del campanario.

La dirección de Paco y Joaquina y el ingenio escénico

El proyecto cobró forma gracias a Paco y Joaquina, un matrimonio llegado de Valdepeñas con previa experiencia en el teatro aficionado que canalizó la ilusión inicial de las escolares del pueblo. Paco asumió la dirección escénica, el reparto y la adaptación de comedias y sainetes de autores como Pedro Muñoz Seca o Vital Aza, mientras Joaquina coordinaba el vestuario y el mobiliario. Ante la ausencia de actores masculinos, las propias actrices asumían los papeles masculinos mediante una cuidada caracterización en peluquería y sastrería facilitada por colaboradoras locales como Olga, Virginia y Celsa la Cubana, quien abrió sus baúles para surtir a la compañía de abrigos de piel, sombreros y prendas de gala.

La trastienda técnica contó con el respaldo de la comisión festiva de Los Dolores, integrada por Celso Valdeón, Pepín el de Alicia y Juan el de la panadería. Ramón de los Cristos plasmó los decorados en papel y tela para ambientar zapaterías, salones o plazas, mientras que el mostrador de billetes delimitaba la separación entre bastidores y el tablado. En los descansos, las funciones se completaban con números musicales de tuna y estampas huertanas arropadas por instrumentistas locales a la guitarra y la bandurria.

Giras en la furgoneta DKW y el legado en la torre parroquial

El éxito de público desbordó el aforo de la estación y propició representaciones itinerantes por localidades limítrofes como San Cosme y Lamuño. La logística de estos desplazamientos descansaba en la furgoneta DKW de Juan el panadero, vehículo que transportaba sin límite de plazas a actrices, tramoyas y bastidores por las carreteras del concejo.

La recaudación íntegra de aquellas representaciones y de las rifas intermedias se entregó a la parroquia para costear las reformas de la iglesia barroca. Seis décadas después, cada mirada al remate de la torre campanario evoca el empeño colectivo de aquellas jóvenes actrices que demostraron cómo la cultura popular podía unir a una comunidad y dejar una huella arquitectónica imborrable en el patrimonio de San Martín de Luiña.

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