Aquellas lecheras camino de Gallinero: el sabor del arroz con leche en la víspera de Los Dolores
En la memoria colectiva de San Martín de Luiña, el aroma de las fiestas patronales no comenzaba con el primer acorde de las orquestas ni con el olor a pólvora de los voladores, sino en el fogón de cada casa. Hablar de Nuestra Señora de Los Dolores es evocar la liturgia paciente del arroz con leche, el postre por excelencia que coronaba la mesa del domingo grande. Sin embargo, décadas atrás, cuando no existían carreteras asfaltadas ni transporte mecanizado en las aldeas, conseguir la materia prima principal exigía una auténtica travesía a pie monte arriba.
Rumbo a casa de Baldomero y Amparo
Cada sábado de víspera, a primera hora de la mañana, las familias organizaban la subida hasta el barrio de Gallinero. El destino era la casería de Baldomero y Amparo, una familia bondadosa y hospitalaria con la que los vecinos mantenían un lazo estrecho de amistad y vecindad. El trayecto se realizaba siguiendo senderos de tierra empinados, una caminata larga y exigente en la que a menudo participaban los más pequeños de la casa, turnándose para no desfallecer en las cuestas.
La llegada a Gallinero era motivo de alegría y bienvenida. Allí se llenaban las lecheras de aluminio con leche recién ordeñada, espesa y tibia, indispensable para lograr la textura y el requemado perfectos. Pero la generosidad de los anfitriones nunca se quedaba en el encargo inicial: el regreso se hacía con los brazos cargados de manteca fresca de vaca, natas caseras, quesos curados en el hórreo y botes de miel dorada para endulzar el otoño.
Una infancia feliz entre senderos de tierra
La bajada hasta el centro del pueblo se convertía en una fiesta compartida, donde el peso de los recipientes se sobrellevaba con la ilusión de saber que al día siguiente la casa estaría llena de familiares y amigos. Pocos recordaban cómo se ajustaban luego las cuentas económicas, pues entre vecinos mediaban la confianza y el trueque solidario propio del agro asturiano.
Hoy, cuando la leche pasteurizada y las comodidades del supermercado han simplificado las recetas, rescatar el recuerdo de aquellas lecheras subiendo a Gallinero permite valorar la autenticidad de nuestras raíces. Aquellas fatigas descalzas o en madreñas tejieron los afectos que hoy siguen uniendo a San Martín de Luiña alrededor de una cazuela humeante de arroz con leche.